miércoles, 23 de abril de 2014



Las Virtudes Cardinales

Son 4 y apoyan a todas las demás virtudes, se tienen que ejercitar para desarrollarlas:

Prudencia,

Justicia,

Fortaleza y

Templanza,

que perfeccionan y elevan las adquiridas y sostienen la vida moral del hombre. 




 
Primera  Virtud Cardinal

1ª La Prudencia

 

La prudencia es una virtud, es la primera de las virtudes cardinales. Virtud en términos generales es la elevación del ser en la persona humana, o bien como decía Kant, es la fortaleza moral de obrar de acuerdo con los principios del deber o de acuerdo a Santo Tomás, es lo máximo a que puede aspirar el hombre, o sea la total realización de las posibilidades humanas en el aspecto natural y sobrenatural. A partir de Aristóteles, se destaca el poder de la voluntad, que pasó a ser junto con la inteligencia, los elementos constituyentes de la virtud.

La virtud no es la simple “honradez” o forma “correcta” de un hacer o omitir, completamente aislado; significa más bien la verdadera esencia del hombre en los dos planos el material-humano y el místico-divino, o mejor el natural o el sobrenatural.

La prudencia no es tan sólo el simple afán de propia conservación, o el cuidado de sí mismo, que no deja de ser un poco egoísta, medida, guía y razón de las virtudes morales en todas ellas influye, sin excepción, suministrando a cada una, el complemento que le permite el logro de su propia esencia, de allí que sea posible deducir que la prudencia es en efecto, la medida del saber, querer, osar y callar. Los distintos modos de imperfección de ese saber, querer, osar y callar, constituyen por otra parte, los distintos tipos de imprudencia. Por ejemplo quien se lanza resueltamente a una acción, sin pararse a deliberar como es debido y sin formular un juicio fundado, es imprudente según el modo de la impremeditación, un segundo modo de imprudencia es la inconstancia, porque ella puede malograr y cortar el paso al proceso de transformación del conocimiento, haciendo que la deliberación y el juicio caigan en el plano de lo infructuoso, en lugar de seguir su curso hasta alcanzar el momento definitivo, el momento de la verdad. Y finalmente otro modo de imprudencia, como por ejemplo la astucia, que es una especie de sentido simulador e interesado, al que no atrae más valor que el táctico de las cosas y que es distintivo del hombre intrigante, incapaz de actuar rectamente. La simulación, los escondrijos, el ardid y la deslealtad representan el recurso de los espíritus mezquinos.

La prudencia es la virtud que permite cambiar el conocimiento de la realidad en práctica del bien, implica la humildad de percibir en silencio, con sencillez; significa una relación entre el rigor, la deliberación y el arrojo. La prudencia enseña el camino hacia la propia perfección y evolución espiritual.

El prudente puede ser justo, fuerte y templado.


Segunda Virtud Cardinal

2ª  La Justicia

 

La palabra Justicia, se ha usado y se usa para designar el criterio ideal, o por lo menos el principal criterio ideal del Derecho, es decir la idea básica sobre la cual debe inspirarse el derecho; pero también, justicia ha sido empleada para denotar la virtud universal comprensiva de las demás virtudes, como decía Theognis, “el sabio antiguo, en la justicia se comprendían todas las virtudes”. De modo que primero diré todo lo que algunos sabios dicen de la justicia y luego tendremos una conclusión. Empecemos con Platón, para éste la justicia es la virtud fundamental de la cual se derivan todas las demás virtudes, pues constituye el principio armónico ordenador de éstas, el principio  que determina el campo propio de acción de cada una de las demás virtudes: de la prudencia o sabiduría para el intelecto, de la fortaleza o valor para la voluntad y de la templanza para los apetitos y tendencia.

Para Aristóteles “la justicia es expresión de la virtud total o perfecta”, de la cual dice que “consiste en una medida de proporcionalidad de los actos, la cual representa el medio equidistante entre el exceso y el defecto”.

En la Biblia. “Justicia” significa, la suma de todo bien, se llama justa a la persona buena, piadosa, humanitaria, caritativa, agradecida y temerosa de Dios.

San Ambrosio llama la Justicia “fecunda generadora de las otras virtudes”.

San Agustín la hace consistir en el amor del sumo bien y de Dios y la presenta también como la suma de toda virtud, que establece para cada cosa su propio grado de dignidad y que consiguientemente subordina el alma a Dios y el cuerpo al alma y que además señala un orden en los asuntos humanos.

Según Santo Tomás, la Justicia es el modo de conducta (habitus), según el cual un hombre, movido por una voluntad constante e inalterable, da cada cual su derecho.

Alfonso X el Sabio define la Justicia como “arraigada virtud que da y comparte a cada uno igualmente su derecho”.

Brunetto Lattini, pensador italiano del siglo XIII, dice que la Justicia es una virtud enteramente racional, encaminada a establecer un orden de equilibrio y de igualdad.

Hume dice que la Justicia consiste en que cada acto singular es realizado con la expectativa de que los otros realizarán lo mismo.

Podría seguir enumerando autores con tantas definiciones, pero lo importante es que podríamos ya tener una idea conceptual de la que es Justicia, de modo que de lo anteriormente dicho podríamos sacar alguna conclusión y tomarla como punto de partida, aún cuando al final sea distinto nuestro modo de pensar. El Acto de Justicia consiste en dar a cada uno lo suyo. Esto supone un precedente, por medio del cual, algo e constituye en propiedad de alguien, es decir se ratifica un derecho a reclamar de otro como algo que se le adeuda y que no corresponde a nadie más que a él.  La razón de que un hombre le deba a otro se encuentra unas veces en la celebración de pactos, contratos, promesas, disposiciones legales y otras veces hay que buscarla en la naturaleza misma de la cosa, sin embargo el acto de Justicia no sólo se fundamenta en un acto mediante el cual algo pasa a ser debido, sino que supone además el acto de la prudencia, que consiste en plasmar en conducta la verdad de lo real.


Tercera Virtud Cardinal

3ª  La Fortaleza

 

Cuando empezamos, fue la prudencia, hablamos que la objetiva mirada que lanza al ser de las cosas a través de la prudencia, te garantiza la conformidad con lo real donde encuentra el hombre y conoce las leyes eternas que Dios ha dictado al universo, lo que es más importante, las reconoce como obligatorias y las vuelve a implantar. Buena es lo que es prudente, por cuanto a la virtud que toca determinar que sea lo bueno a lo malo es la virtud de la prudencia y para determinar que es lo prudente debes SABER. En lo que respecta a la justicia, dimos varias definiciones, para llegar a la conclusión: el hombre justo debe QUERER la justicia, mediante el sacrificio, para la armonía y el progreso de la libertad.

Ahora hablaremos de la fortaleza. Resulta un poco difícil definir que significa fortaleza, porque existen muchas aceptaciones e igual número de conceptos, así que hablaremos de sus características principales, de sus manifestaciones, de su esencia, para llegar al fin a una conclusión.

La fortaleza supone vulnerabilidad; sin vulnerabilidad no se daría la posibilidad misma de la fortaleza. Si el hombre puede ser fuerte es porque es esencialmente vulnerable. La esencia de la fortaleza consiste en aceptar el riesgo de ser “herido” en el combate, por la realización del bien; entendiendo por “herida” aquí, toda agresión, contraria a la voluntad que pueda sufrir la integridad natural, toda lesión del ser que descansa en sí mismo, todo aquello que aconteciendo en y con nosotros, sucede en contra de nuestra voluntad. En resumen: todo cuanto nos resulte negativo, cuanto nos cause daño o dolor, cuanto inquieta y oprima. La fortaleza por lo tanto no es independiente ni descansa sobre sí misma. Su sentido propio le viene sólo de su referencia a algo que no es de ella, es por eso que la fortaleza es nombrada en tercer lugar en la serie de las virtudes cardinales y esta enumeración no es casual, la prudencia y la justicia preceden a la fortaleza. Significa que sin prudencia y sin justicia no se da la fortaleza: sólo aquél que es prudente y justo puede además ser valiente, por lo tanto examinemos un poco las relaciones de la prudencia y la justicia con la Fortaleza.

Meditemos en primer lugar sobre este aserto: sólo el prudente puede ser valiente. La prudencia tiene dos caras o fases: una cognoscitiva y mesurada, que mira a la realidad y otra que es resolutiva, preceptiva y mesurada, que mira al querer y al obrar. En la primera se refleja la verdad de las cosas reales y en la segunda se hace visible la norma del obrar. Lo primero que exige la prudencia del hombre que actúa es que se encuentre en posesión de un saber directivo dirigido a la acción. Este saber directivo, constituye la esencia de la prudencia. La prudencia es condición necesaria de toda virtud moral. Sin prudencia no hay justicia, fortaleza ni templanza.

La fortaleza es así fortaleza en la medida que es informada por la prudencia, de allí que la esencia de la fortaleza no es el exponerse de cualquier forma a cualquier riesgo, sino que supone una entrega de sí mismo, conforme a la razón y con ello a la verdad y al auténtico valor de lo real. La fortaleza supone valoración justa de las cosas: tanto de las que se arriesga como de las que se espera proteger o ganar.

La prudencia da forma a las demás virtudes cardinales, pero ellas no dependen de la prudencia en la misma medida. Primero: La fortaleza es informada por la prudencia de modo menos inmediato que la justicia; la justicia por su parte, es la primera palabra de la prudencia y la fortaleza, la segunda; la prudencia informa a la fortaleza mediante la justicia. La justicia descansa en la mirada de la prudencia, orientada a lo real; la fortaleza en cambio, descansa al mismo tiempo sobre la prudencia y la justicia.

De todo lo dicho podemos sacar esta conclusión. No es sólo el prudente el único que puede ser valiente; sino que una fortaleza que no se ponga al servicio de la justicia es tan irreal y tan falsa como una fortaleza que no esté informada por la prudencia.

Ser fuerte o valiente no es lo mismo que no tener miedo. La fortaleza no significa ausencia del temor. El temor y el amor se condicionan mutuamente; cuando nada se ama nada se teme, el hombre que ha perdido la voluntad de vivir, cesa de sentir miedo ante la muerte, pero este hastío ante las ganas de vivir se encuentra a gran distancia de la fortaleza. La virtud de la fortaleza reconoce y guarda el orden natural de las cosas.

El hombre valiente mantiene los ojos abiertos y es consciente de los riesgos que afronta para la consecución del fin propuesto, por eso ni ama la muerte ni desprecia la vida.

Los ingredientes más importantes de la fortaleza son la resistencia y la paciencia. Resistir por una parte a todas las llamadas tentaciones y paciencia para no dejarse arrastrar por la presencia del mal a un desordenado estado de tristeza. Ser paciente significa no dejarse arrebatar la serenidad ni la clarividencia del alma por las heridas que se reciben mientras se hace el bien. La paciencia por lo tanto preserva al hombre del peligro de que su espíritu sea quebrantado por la tristeza y pierda su grandeza, por lo tanto el que es valeroso es también paciente. Recuerda lo que dice la sagrada Biblia al respecto en el Libro Eclesiastés, sobre lo importante de ser paciente:

Hay un momento para todo y

un tiempo para cada acción bajo el cielo

Un tiempo para nacer y

un tiempo para morir,

Un tiempo para plantar y

un tiempo para arrancar lo plantado.

Un tiempo para matar y

un tiempo para curar.

Un tiempo para destruir y

un tiempo para edificar.

Un tiempo para llorar y

un tiempo para reír.

Un tiempo para lamentarse y

un tiempo para danzar.

Un tiempo para tirar piedras y

un tiempo para recogerlas.

Un tiempo para abrazar y

un tiempo para abstenerse de abrazos.

Un tiempo para buscar y

un tiempo para perder.

Un tiempo para guardas y

un tiempo para tirar.

Un tiempo para rasgar y

un tiempo para coser.

Un tiempo para callar y

un tiempo para hablar.

Un tiempo para amar y

un tiempo para odiar.

Un tiempo para la guerra y

un tiempo para la paz...

Por lo tanto no debes impacientarte por las cosas que quieres o deseas hacer, acuérdate: “Hay un momento para todo y un tiempo para cada acción bajo el cielo”. La paciencia todo lo puede, todo lo alcanza

La animosidad, la confianza en sí mismo y la esperanza en la victoria (en la evolución), suponen la verdadera actitud del valiente, éstos constituyen rasgos esenciales de la fortaleza.

Fortaleza no implica que tengamos que actuar en forma peligrosa, de ahí la importancia que tiene la Prudencia. 

Cuarta Virtud Cardinal

4ª  La Templanza

 

El sentido de la palabra Templanza ha quedado reducido hoy en día a moderación en el comer y el beber. Lejos estamos de que eso sea únicamente templanza; más bien podemos decir que la templanza es toda discreción ordenadora de la conducta del hombre. Tiene un sentido y una finalidad, que es hacer orden en el interior del hombre, es decir templanza es realizar el orden en el propio yo. Lo que distingue a la Templanza de las demás virtudes, es que tiene su verificación y opera exclusivamente sobre el sujeto actuante. La Prudencia, mira el orden en su universalidad. La Justicia establece la relación especifica con los demás y el que posee la Fortaleza, sabe olvidarse de si mismo ofreciéndose en sacrifico a costa de su propia vida si es necesario.

La Templanza requiere una ausencia absoluta de egoísmo, por cuanto ella es el habito que pone por obra y defiende la realización interior del hombre. La Templanza se opone a toda perversión del orden interior, gracias al cual subsiste y obra la persona moral. Así por ejemplo: el placer sensible que se obtiene en la manifestación de las fuerzas naturales más potentes que actúan en la conservación del hombre. Estas energías vitales que se pusieron en el ser para conservar en el individuo y en la especie aquella naturaleza según la cual fueron constituidos, como dice el Libro de la Sabiduría l,14 dan las tres formas originales del placer, pero precisamente por ser elementos constitutivos que aparecen en el núcleo mismo de la definición del hombre, sobrepasan también a todas las demás energías en capacidad destructora cuando se desordenan. Castidad, sobriedad, humildad, mansedumbre son formas mediante las cuales se manifiesta la Templanza.

A través de la Templanza se embellece el hombre. No se trata por supuesto de la belleza facial o sensitiva de una agradable presencia, sino que se trata de una belleza irradiada por el ordenamiento de lo verdadero y lo bueno. La hermosura de la Templanza tiene una cara más espiritual y más viril, porque hace ver al hombre en su propia condición, como una semejanza a Dios.

miércoles, 26 de marzo de 2014


Liderazgo para transformar realidad

Autor: Verónica Nayeli Cuellar Ramírez


El liderazgo es la capacidad de comunicarse con un grupo de personas, influir en sus emociones para que se dejen dirigir.

Resumen ejecutivo

El liderazgo es la función de una persona que se distingue de los demás, y es capaz de realizar una buena toma de decisiones a beneficio del grupo de trabajo de la organización, inspirando a los integrantes de ese equipo para poder alcanzar una meta en común. El liderazgo envuelve más de una persona ya que sin subordinados no habría un líder; en las empresas se busca las relaciones interpersonales ya que la forma tradicional de mandar y acatar órdenes ha ido perdiendo fuerza para dar pasó a esquemas participativos y cooperativos, por el respeto a la persona, la inclusión en la toma de decisiones, flexibilidad en las jornadas laborales, trabajo en equipo, estimulación de la creatividad, la innovación, y muchos aspectos más.

Liderazgo

I. Introducción

Durante el transcurso del tiempo se han podido observar los cambios que va teniendo la forma de manejar un equipo de trabajo ya que un líder es mucho más que un jefe. Los subordinados podrán dejarse dirigir por su jefe, pero quizás no compartan las mismas ideas que su jefe e incluso las de la organización, a pesar de eso las instrucciones de un líder son ejecutadas por el grupo , convencidos de que su ejecución es lo mejor para ellos.
“Los líderes dirigen su atención en la búsqueda de métodos o modelos estratégicos que elevan la tan deseada productividad, sin la cual una empresa no puede sobrevivir”. (Tèllez, 2008)

II. Antecedentes

Se habla mucho del tema liderazgo, debido a su importancia en la historia de las organizaciones, incluso llegan a preguntarse si el líder nace o se hace, pero sin embargo no es importante, ya que la gente líder es considerada en la empresa por ser impulsador y generador de valor agregado “Algunos especialistas ven el liderazgo como una actividad visionaria y con amplias actividades que se requieren para ser un buen líder. "El liderazgo es un proceso que destaca en el líder sobre sus seguidores, para poder lograr los objetivos en común de la organización a través del cambio” (Lucci, 2008). El objetivo de la interacción de esta definición tiene que ver con muchas aclaraciones de las funciones de un administrador y líder que en muchas ocasiones se presenta una confusión y que merecen ser aclaradas las medidas tomadas por un administrador para influir sobre sus subordinados son siempre premiar mientras que las de un líder son siempre con la tendencia de guiar o dejarse guiar. Con este punto podemos ver que el liderazgo es esencial para un grupo de trabajadores, hasta para la misma organización y poder trabajar en conjunto así poder lograr las metas acordadas por la misma.

III. Desarrollo

La productividad y el desarrollo humano en las organizaciones es interesante por las características de las personas que motivan al desarrollo interior para las actividades productivas en el ámbito cotidiano, podemos referirnos a ellas como personas realizantes “maduras”, que poseen características excepcionales como: paciencia, criterio, buena disposición, amabilidad, sentido común, etc., aspectos que sin duda tienen relación con un lidere, según Maslow las características de las personas maduras son:
§                                 Percepción más eficiente de la realidad y relaciones más cómodas con ellas.
§                                 Aceptación de sí mismo y de la naturaleza.
§                                 Espontaneidad.
§                                 Enfoque del problema, saber centrar en el especifica.
§                                 Cualidad de separación necesidad de estar solo al menos por un tiempo.
§                                 Autonomía, independencia de cultura y medio ambiente.
§                                 Novedad continuada de expresión; no dejar de sorprenderse.
§                                 Experiencia mística; sentimiento oceánico.
§                                 Sentimientos hacia la humanidad de identificación, simpatía y afecto.
§                                 Relaciones interpersonales sanas,
§                                 Estructura de carácter democrático.
§                                 Discriminación entre medio y fines.
§                                 Sentimiento filosófico de buen humor.
§                                 Creatividad.
§                                 Resistencia a la enculturación (no dejarse influir sin criterio). (Maslow, 2009)
Podemos apreciar que estos puntos son esenciales de una persona común con amplio criterio, la mayoría de las personas reúnen estos rasgos, estas pueden ser consideradas como personas productivas, pero sin embargo no por reunir estas características puede ser considerado productivo. La creatividad, la autonomía, la sinergia, la espontaneidad, el control entre otros son cualidades que un empresario o un director ejecutivo desea tener pero muchas de estas características son facilitadoras de la vida laboral y otras pueden resultar incomodas para algunos directivos. Cuando la persona está desarrollando su potencial ya no será un seguidor incondicional, no permanecerá indiferente ante las injusticias, no será pasivo, ante la mediocridad, no se conformara en atacar ordenes; con seguridad si no están bien fundadas la cuestionara, no sería fácil contar con un equipo de trabajo realizaste. Por otra parte, tampoco es fácil para el colaborador promedio asumir esta actitud hacia el desarrollo, implica hacerse responsable de su actuar y dejar de justificar su ineficiencia culpando a los demás, para muchas personas es mejor ser dirigidos que auto dirigirse, no obstante las organizaciones están apostando a este tipo de personas para dirigir y operar empresas.
Cuando se mencionan líderes, la gente suele pensar en los famosos que ocupan puestos de poder y otros altos directivos, no todos los líderes son tan famosos ni tan poderosos como lo presidentes de la empresa, en todos los niveles de una organización ni todos los ámbitos de la vida podemos encontrar líderes, pero mucho de lo que se sabe de liderazgo proviene de investigar y observar los líderes como los políticos, religiosos e incluso a los estudiantiles. “El liderazgo es la relación de influencia entre los líderes y los seguidores que luchan por generar un verdadero cambio y resultados que reflejen los fines que compartes”. (Slocum, 2008).

IV. Formas del Liderazgo

El liderazgo adopta muchas formas y se puede utilizar para una enorme variedad de propósito, las empresas utilizan las recompensas para influir en los subordinados, el uso adecuado de las recompensas representa una forma muy eficaz de dirigir la atención de los empleados y de motivarles para que hagan un buen trabajo, pero también se puede recurrir a la corrección, consiguiendo que esto se cumpla porque sienten temor y por lo general, no se les considera buenos jefes, ya que el temor es una emoción que inhibe el desempeño. Siempre hay que tener una balanza entre ser temido y ser respetado, pero si el subordinado considera que su jefe tiene más conocimientos y habilidades técnica que ellos, entonces tendrán menos problemas para aceptar la visión del líder. Otros medios para influir al personal es el carisma, la efectividad para crear un sentimiento de compromiso y responsabilidad personal, estimulando para que aspiren a la perfección, pero no se trata solo de convencer si no de saber hacer mucho más, luchar para crear una visión para que reflejen las inquietudes y las aspiraciones, compartiendo los fines de cada uno avanzando hacia una meta en común.
Las características personales de los líderes son los atributos relativamente estables que hacen que cada persona sea única, entre otros son sus rasgos físicos, sociales y psicológicos. Una persona puede cambiar una de sus características personales, pero suelen producir una conducta demasiado previsible a lo largo del tiempo y en diversas situaciones. Las características personales también crean imágenes en la mente de otros y algunas de ellas coinciden con el estereotipo del líder efectivo. La inteligencia emocional tiene una gran atención para describir las características de los líderes.
La inteligencia emocional es el conjunto de habilidades que permiten a las personas reconocer, comprender sus sentimientos y emociones para guiar su forma de pensar y actuar. No todos pueden ser genios para la matemática, ni alcanzar los niveles más altos de la inteligencia emocional y esta no viene de nacimiento, esta se va desarrollando a lo largo de muchos años conforme la persona vive diversas experiencias y madura, como el desarrollo de la inteligencia emociona tarda tanto, no es fácil que los adultos pueden modificar este aspecto de su composición personal.
La inteligencia emocional tiene cuatro elementos, dos se refieren a la conciencia y los otros dos a la acción, el líder y los seguidores. La autoconciencia es la habilidad para reconocer y comprender los estados de ánimos, las emociones y los impulsos propios y también su efecto en terceros; un líder se debe “conocer” incluyendo lo bueno, lo malo y lo feo, también abarca saber cuáles son los motivos y las metas que mueven a las personas y así obtener de su trabajo y de la vida en general lo que se quiere obtener. Las conductas de liderazgo se concentran en explicar las diferencias que hay entre los líderes efectivos y no efectivos, casi todas las personas pueden aprender ser líderes, dado que es posible aprender conductas eficaces siempre y cuando cuenten con el apoyo y el aliento debido.
Según los modelos de contingencia de liderazgo, los factores situaciones determinan cual es el mejor estilo de liderazgo que se debe emplear. Estos modelos suponen que los líderes pueden variar de comportamiento de una situación a otra, esto establece que el estilo de liderazgo que se utilice se debe adaptar al grado de preparación de los seguidores, los líderes pueden elegir uno de entre cuatro estilos de liderazgo los cuales implican varias combinaciones de comportamiento orientados a la tarea y al comportamiento orientado a las relaciones. Los comportamiento orientados a las tareas, incluye utilizar a la comunicación unilateral, establecer las obligaciones y decir a los seguidores que tienen que hacer, cuando, donde y como. El comportamiento orientado a las relaciones incluye realizar la comunicación bilateral, escuchar a los seguidores, alentarles e involucrarles en la toma de decisiones así como brindarles apoyo emocional.

V. Conclusión

Un líder exitoso será de todo aquel que es consciente de estas fuerzas que tienen una mayor importancia con relación a su comportamiento en un momento dado. Se entiende a sí mismo con precisión, a los individuos y al grupo con el que se relaciona; a la compañía y al amplio medio social en el cual actúa.
El líder debe recordar que los seguidores como individuos y como grupo desarrollan sus propios patrones de conducta y formas de operar, con frecuencia el líder tiene que comportarse de modo diferente con cada uno de sus colaboradores porque están en diferentes niveles de madurez.
Asimismo estima la capacidad de sus subordinados para desarrollarse. Pero ésta sensibilidad, o capacidad de comprender no es suficiente, por lo que tendrá que comportarse adecuadamente de acuerdo con sus percepciones. Si se requiere dirección, debe dirigir; si conviene una considerable libertad de participación, tiene que proporcionar tal libertad.

Fuentes

§                                 Lucci, R. (2008). México DF: trillas.
§                                 Maslow, A. (2009). El hombre autorrealizado. Barcelona: Kairòs, S.A.
§                                 Slocum, H. J. (2008). Administración un enfocado basado en competencias.
§                                 México D.F: CENGAGE learning.
§                                 Téllez, J. A. (2008). Desarrollo Humano. México: Trillas.


sábado, 5 de octubre de 2013

Liderazgo basado en Valores Jesuítas

Chris Lowney: "Bergoglio tuvo una formación que es esencial en cualquier líder"

Ex seminarista jesuita y alto ejecutivo de JP Morgan, es una estrella del management desde que su manual de conducción basado en la orden de San Ignacio de Loyola se convirtió en best seller

Por Juana Libedinsky  | LA NACION

"Debería impartirse coraje moral en la universidad". 

Si hay un país donde el gurú -sea éste de los negocios, el  lifestyle  o las dietas milagrosas- tiene una larga tradición, es Estados Unidos. Y, naturalmente, los manuales en los que explican sus técnicas para el público general suelen convertirse en  best sellers  , eventualmente internacionales. Ahora, según los entendidos, la gran estrella que se viene es Chris Lowney. Este ex seminarista jesuita, que luego devino por 17 años exitoso ejecutivo de JP Morgan, escribió  El liderazgo al estilo de los jesuitas  (Norma) y, tras la elección del papa Francisco -proveniente de esa orden-, todos los focos están poniéndose sobre él. Justo antes de salir rumbo a Washington en su "tercera vida", como conferencista y escritor de temas de  management  , compartió con la nacion algunas de las ideas que fue desarrollando en su doble vida de hombre de fe y conocedor del mundo de los negocios.

¿De qué modo la forma de liderazgo jesuita afectó al papa Francisco?

La formación jesuita pone énfasis en la autorreflexión. Durante su entrenamiento con los jesuitas, Joge Bergoglio pasó un mes entero lejos del trabajo, los diarios, la televisión, analizando en profundidad su vida y sus objetivos, sus debilidades, fortalezas y valores. El resto de su vida debió seguir esa misma disciplina de reflexión diaria. Cuando empujaron a este pobre hombre al balcón frente a 200.000 personas por primera vez, no hubiera sido un buen momento para preguntarse: «Mmm, ¿quién soy y qué debo hacer?» Así que, aunque nunca se haya imaginado ser papa, su formación jesuita le dio la preparación más esencial para cualquier líder: saber quién es uno y los valores y objetivos en la vida que lo sostienen.

¿Cuáles son las claves del liderazgo jesuita?

Son cinco, que cualquiera puede aplicar, sea papa, presidente de una multinacional o madre en el hogar. Autoconocimiento: hay que conocer las propias debilidades, fortalezas, valores y cosmovisión. Creatividad: el mundo cambia todo el tiempo y los líderes efectivos saben adaptarse. Heroísmo: hay que motivarnos con la pasión para ser sobresalientes, y con objetivos que sean mayores que el propio ego. Amor: debemos tratar a los demás de manera que respete su dignidad y libere su potencial humano. A menudo asociamos liderazgo con una posición jerárquica. Pero, mi idea, basada en los valores jesuitas, es exactamente la opuesta: todo el mundo está liderando en cada momento como resultado del impacto que tienen las propias acciones cada día, y basarse en este modelo es muy útil para hacerlo bien a cualquier escala.

¿Cree que es una forma de liderazgo que se volverá más popular ahora y no solamente dentro de la Iglesia?

Creo que un gran liderazgo es un gran liderazgo y punto. Sea en una iglesia, una empresa o una familia, los líderes deben cumplir con las mismas tareas básicas: poner objetivos y cumplirlos, motivarse a sí mismos y a los demás, etcétera. Ciertamente para los jesuitas su estilo de liderazgo está íntimamente asociado con las creencias religiosas. Pero yo escribí mi libro de tal manera que fuera accesible a personas en cualquier etapa de su vida, cualesquiera fueran sus creencias.

¿Por qué cree que se vendió tan bien su libro, aun antes de la elección del papa Francisco?

Supongo que parte de la razón es que en Estados Unidos a menudo estamos disgustados con los ejemplos de liderazgo que vemos en el mundo corporativo y político. El objetivo de aquellos que se llaman a sí mismos líderes parecería no ser más que acumular poder, dinero y estatus. Lucen sólo interesados en sí mismos y no en mejorar la situación de sus ciudadanos, empleados, clientes, accionistas. Creo que, hasta cierto punto, el libro fue exitoso porque analiza y propone un modelo de liderazgo con más principios. El modo jesuita puede aportarlos a los negocios.

¿Cómo reaccionaban sus colegas en la banca que salían de cursar MBA cuando usted les decía que acababa de salir, en cambio, del seminario?

En general, la gente que está en banca de inversión siempre fue bastante práctica: si hacés tu trabajo bien, les da lo mismo que hayas vivido en la Luna. Para ser honesto, sin embargo, hay un aspecto que sí ha cambiado en los últimos años, y no creo que para mejor. En el mundo de los negocios, cada vez se valoran más la habilidades técnicas y a las personas con habilidades que no van más allá de lo estrictamente financiero. A veces pienso si esto no tendrá que ver con el crac de 2008. En otras palabras, en Estados Unidos cada vez alabamos más a la tecnología, por ejemplo, los programas de inteligencia artificial para  tradear  [computer assisted trading programs] y cada vez creemos menos en lo que se puede llamar una sabiduría, es decir, la idea de que por experiencia o educación en otras ramas (sea historia, religión, historia y demás) una persona puede desarrollar puntos de vista amplios respecto a cómo solucionar un problema o evaluar oportunidades. Un programa de computación no tiene la capacidad de dar un paso atrás y reflexionar en profundidad sobre la decisión que se va a tomar, de manera que combine consideraciones financieras, pero también éticas y humanas.

¿Y por qué se dedicó a escribir sobre esto?
Cuando trabajaba en JP Morgan, leía muchos libros de  management  , pero siempre sentía que mi formación jesuita me servía más. Cuando era muy joven creía, como muchos en el mundo corporativo, que podía manejarlo todo, incluso mi destino. En cambio, aprendí que uno controla menos de lo que cree, así que una parte importante de la vida es mantenerse atento y abierto a las otras personas y a las nuevas oportunidades y desafíos que aparecen en el camino.

¿Cuál le resulta personalmente la más difícil de aplicar de sus recomendaciones?
Créase o no, la que debería ser la más simple. El fundador de los jesuitas decía que cada día debemos tomar unos minutos para dar un paso atrás, analizar lo que estamos haciendo y evaluar si estamos en el camino correcto. Es muy sencillo, pero tenemos vidas tan ocupadas que a menudo no logramos hacernos el tiempo necesario.

¿Cuán importantes son los cursos de ética en las escuelas de negocios?
Ciertamente es importante estudiar ética, porque les da a las personas el idioma y las herramientas para tomar decisiones. También fuerza a los alumnos a articular, por lo menos en clase, sus propios puntos de vista. Hubo una gran ola de cursos de ética en las escuelas de negocios después de los escándalos corporativos como Enron. Pero aquí está el dilema: puede haber una enorme diferencia entre lo que sabés y lo que hacés. Un gran misterio, y no sólo en los negocios, es qué es lo que determina que haya gente con coraje en lo moral. En otras palabras, puedo saber qué es lo correcto y no hacerlo. Ningún curso universitario va a darte el coraje moral necesario. Así que, si bien es importante para los estudiantes hablar de las ramificaciones éticas de lo que hacen para ganarse el pan, cualquiera que imagine que un curso es la panacea para la ética en el trabajo está delirando. Para mí, el gran desafío sería dar un paso más e impartir, en la universidad, coraje moral: dejarlos listos para no callarse si ven algo malo, dispuestos a hacer lo correcto, aunque vean que la mayoría está en contra y ese tipo de cosas.

¿Qué opina del papa Francisco? ¿Conoce la Argentina?

Nos hizo bendecirlo a él antes de que él nos bendijera a nosotros, y parece determinado a martillar los mensajes de humildad, simplicidad y compromiso con los más pobres. ¡Qué comienzo más prometedor! A la Argentina fui durante mi vida en JP Morgan y luego para dar una conferencia sobre liderazgo. Cualquiera que visite la Argentina no puede evitar quedar impresionado por el capital humano que tiene, tal cantidad de gente talentosa y preparada. La Argentina tiene mucho que ofrecer al mundo y a su propia gente más allá del Papa y de Messi si logra liberar ese increíble potencial que tienen sus habitantes..