Lugar de encuentro para el desarrollo personal de las cualidades de liderazgo, imprescindibles en toda persona proactiva, con funciones de dirección, conducción y formación de RR.HH.
martes, 30 de julio de 2013
domingo, 28 de julio de 2013
Tabla comparativa. Liderazgo
Transaccional vs. Liderazgo Transformacional
Enviado por Manuel Gross
La base del liderazgo transaccional es una transacción o proceso de
intercambio entre los líderes y sus seguidores. El líder transaccional
reconoce las necesidades y los deseos de los seguidores y, después, explica con
claridad como podrán satisfacer esas necesidades y deseos, a cambio de que
cumplan los objetivos especificados p que realicen ciertas tareas. Por tanto,
los seguidores reciben premios por su desempeño laboral y el líder se beneficia
porque ellos cumplen con las tareas.
Los líderes transaccionales se concentran en el presente y son muy
buenos para conseguir que la organización funcione sin problemas y con
eficiencia. Son excelentes en las funciones tradicionales de la
administración, como la planeación y la preparación de presupuestos, y
generalmente se concentran en los aspectos impersonales del desempeño de los
trabajos. El liderazgo transaccional puede ser muy efectivo.
Los líderes al explicar con claridad lo que esperan de los seguidores,
aumentan la confianza que éstos les tienen. Además, el hecho de satisfacer
las necesidades de los subalternos puede mejorar la productividad y el estado
de ánimo. Sin embargo, como el liderazgo transaccional implica un compromiso a
“seguir las reglas”, los líderes transaccionales conservan la estabilidad
dentro de la organización, en lugar de propiciar el cambio.
Es importante que todos los líderes cuenten con
habilidades transaccionales. Sin embargo, en el mundo de hoy, donde
el éxito empresarial muchas veces depende de los cambios continuos, los líderes
eficaces también utilizan otro planteamiento.
Liderazgo Transformacional
El liderazgo transformacional se caracteriza por la capacidad para
producir cambios sustantivos. Los líderes transformacionales son capaces de
emprender los cambios en la visión, la estrategia y la cultura de la
organización y también de propiciar innovaciones en los productos y las
tecnologías.
El liderazgo transformacional, en
lugar de analizar y controlar transacciones específicas con los seguidores
utilizando reglas, instrucciones e incentivos, se concentran en cualidades
intangibles, como la visión, los valores compartidos y las ideas, con el
propósito de crear relaciones, de dotar de mayor significado a las actividades
independientes y de ofrecer un terreno común para enrolar a los seguidores en
el proceso de cambio. El liderazgo
transformacional está fundado en los valores, las creencias y las cualidades
personales del líder y no en un proceso de intercambio entre los líderes y los
seguidores.
Dimensiones del Liderazgo
Transformacional y Transaccional
Transaccional
Refuerzo
Contingente
Proporciona recompensas o
promesas de recompensas como consecuencia de la consecución de los objetivos
previstos
Dirección
por excepción
Interviene para dar
retroalimentación negativa, crítica constructiva o acciones que impliquen
mejorar para que la actividad favorezca el plan previsto, y por ende se logren
los objetivos establecidos. Dos formas:
- Activa: El líder espera a
que se produzcan los errores o irregularidades, y entonces propicia los ajustes
o modificaciones.
- Pasiva: El líder interviene
sólo si es necesario, y sólo cuando se producen desviaciones.
Transformacional
Laissez-faire
El líder se abstiene de guiar, e
interviene para proporcionar información cuando alguien de la organización se
los solicita.
Carismático
Destacan por tener una visión
clara; ganarse el respeto y la confianza; dar seguridad; y provocar
identificación y compromiso de sus colaboradores.
Consideración
individualizada
Prestan atención a cada uno de
sus colaboradores de forma individual y personal, y les otorgan
responsabilidades diferentes.
Estimulación
intelectual
Anima, estimula y propicia la
innovación y creatividad de sus colaboradores para la solución de problemas y
el planteamiento de estrategias.
Liderazgo
inspiracional
Dan ánimo y generan entusiasmo
mediante la generación de altas expectativas y modificando actitudes/comportamientos.
Tips para lograr una
comunicación asertiva, eficaz y completa
Autor: Lorena E. Blatto Comunicación organizacional 15-07-2013
Comunicarnos en función de la
necesidad de nuestro interlocutor, se plantea como un fuerte desafío, sin
embargo, aplicando algunos tips de manejo de información, escucha activa, y
sincronización con el ritmo del otro podemos lograr una rápida y efectiva comunicación.
Cuando hablamos de comunicación,
dependiendo de cómo hayamos conocido inicialmente su significado, se nos vienen
dos ideas a la cabeza: si hemos conocido los conceptos teóricos que la
sustentan, tal vez imaginemos el famoso cuadrito de Emisor, Mensaje, Receptor;
sino lo más probable es que pensemos en la comunicación como en dos campos:
HABLAR Y ESCUCHAR. No obstante la comunicación es mucho más que eso, la
comunicación implica además un pentagrama que contiene tonos, ritmos y como
ocurre con la música, cada uno prefiere ritmos diferentes.
Nuestra manera de comunicarnos
se halla ligada al hemisferio cerebral que tenemos más desarrollado, si bien
variamos nuestro discurso en función de cada caso particular, tendemos siempre
a parapetarnos en el modelo que tengamos más afianzado. Comprender que lo mismo
ocurre con nuestro interlocutor y dar respuestas en función de su modelo mental
dominante nos ayudará a acortar tiempos y ser más eficientes.
En función de lo antedicho, podemos visualizar 4 tipos de
personas:
a) Aquellas que están orientadas a la
Acción
b) Las que están orientadas a los métodos
c) Las que están signadas por las ideas
d) Las que tienen un enfoque hacia las
personas.
Cada una de ellas posee
particularidades que les son propias y que definen la mejor forma en la que
pueden comprender el mundo, ya que la comunicación, no sólo se trata de
palabras, sino también de gestos y ritmos.
Las Personas orientadas a la
Acción son aquellas a las que parece que el tiempo apremia siempre, son
personas orientadas a resultados rápidos, poseen una gran capacidad de
síntesis, se sienten motivados por los desafíos y la teoría suele aburrirlos
bastante.
Aquellos orientados a los métodos
son personas estructuradas, detallistas, que realizan un balance de pros y
contras antes de tomar una decisión. Necesitan conocer el detalle más finito de
cada situación para sentirse seguros. Poseen una gran capacidad de análisis y
sus decisiones vienen siempre desde la lógica.
Los más creativos suelen ser las
personas cuyo desarrollo mayor se encuentra en las ideas, son los provocadores,
los impetuosos, los revolucionarios, aquellos que hablan abiertamente de sus
proyectos, los que son extrovertidos, y a veces poco focalizados. Su gran
capacidad creativa ocasionalmente puede ser un limitante a su capacidad de
escucha.
Por último, nos encontramos con
personas que tienen un claro enfoque hacia las personas, hacia las relaciones
humanas. Estas personas suelen ser muy solidarias, siempre dispuestos a ayudar
a los demás, se encuentran motivados por todas aquellas actividades que
impliquen trabajo en equipo.
Como vemos, existen grandes
diferencias entre cada una de estas tipologías, es por ello que si no logramos
“sincronizar” con el otro, en ritmos y en formas de mostrar la información, es
muy posible que no logremos una comunicación efectiva.
Habiendo comprendido esto, veamos ahora qué hacemos para
comunicarnos?
1. Enfaticemos con el modelo del otro:
Puede que yo sea una persona de acción, pero si mi colaborador, o mi jefe es
una persona de métodos y yo no logro adecuar mi comunicación, no lograré que
“compre” mis propuestas.
2. Eliminemos los filtros de la Percepción:
La forma en la que miramos el mundo, viene directamente de la mano de nuestras
percepciones. Debemos respetar e intentar entender que el otro posee las suyas
propias y lograr abrir un tercer canal que sea el “común”.
3. Escuchemos activamente: Es claro
que oír y escuchar son dos acciones sumamente diferentes, el problema es que
cuando nos habla una persona con un ritmo diferente del nuestro, solemos poner
nuestro oído en “off”, seguimos estando físicamente pero nuestra cabeza ya se
fue a pensar en otras cosas. Este “off” es uno de los obstáculos más frecuentes
e importantes de la comunicación.
4. Intentemos adecuar la información que damos al
modelo del otro: Luego de analizar el modelo del otro, es una buena
idea, ordenar la información que presentemos de manera que el otro pueda
“activar sus sensores” ya que presentamos las cosas de una manera que pueda
serle amigable.
Teniendo en cuenta los tipos de modelos y algunas reglas de
la buena comunicación, veamos de mostrar la información adecuándola al
Interlocutor:
a) Con personas orientadas a la Acción:
a. Utilicemos un ritmo rápido
b. Presentemos la información desde los resultados
c. Reforcemos las ideas desde la práctica
d. Apoyemos la información con elementos visuales (gráficos,
vídeos, fotos)
b) Con personas orientadas a los métodos:
a. Organicemos la información de manera lógica
b. Presentemos las cosas con detalles y precisión
c. Hablemos de fundamentos
d. Mostremos el status actual de las cosas y los resultados
esperados.
e. Incluyamos ventajas y desventajas de las opciones
f. Pongamos tablas y diagramas tipo Ishikawa o Gantt.
c) Con personas de Ideas
a. Respetar largos tiempos de debates
b. Enfatizar los aspectos innovadores de las propuestas
c. Presentar el tema conceptualmente
d. Subrayar las recomendaciones
e. Iniciar con una mirada global y luego ir a los detalles
d) Con personas orientadas a las Personas
a. Debemos realizar una introducción breve e informal
b. Mostrar la relación entre lo que proponemos y la gente
c. Demostrar que nuestra propuesta antes funcionó
d. Usar estilos de escritura y diálogo muy informales.
Sé que no es fácil, pero poniendo en práctica
estos tips lograremos una comunicación, asertiva, eficaz y completa.
jueves, 23 de mayo de 2013
Apuntes del gran visionario ....para recordar, aprender y enseñar.....
El 11 de noviembre de
2005, el management perdió a la que
quizá era su figura más brillante: Peter
Drucker, calificado como el fundador de la administración moderna por
virtualmente todas las autoridades en la materia. Falleció a los 95 años de
edad. En lo que probablemente fue la última entrevista que le concedió a un
medio especializado en management, Peter Drucker habló sobre los temas que
conforman el debate actual del mundo de los negocios. A manera de homenaje,
publicamos de manera integra esta histórica entrevista.
Los sucesos mundiales recientes -desde los
atentados terroristas y la guerra en Irak, hasta el desgaste de los organismos
supranacionales y la debacle corporativa- tienen, en apariencia, un
protagonista preponderante. ¿Los Estados
Unidos siguen marcando el "tono" de la economía en el mundo?
El dominio de los
Estados Unidos ha terminado. La economía mundial se organiza, lentamente, pero
con firmeza, en torno de una serie de bloques consolidados e importantes: las
uniones económicas. Estos bloques cambian las relaciones de poder entre
regiones y países, entre miembros y no miembros. ¿Por qué? Porque son muy
similares a los "estados-nación" que surgieron en el siglo XVIII:
hacia adentro, partidarios del libre comercio, pero fuertemente proteccionistas
puertas afuera. La Unión Económica Europea es un ejemplo avanzado. El TLCAN
(Tratado de Libre Comercio de América del Norte) se mueve a una velocidad
sorprendente. No es un fenómeno nuevo que las empresas norteamericanas se
trasladen a México, sí lo es la rapidez con que las empresas mexicanas se están
instalando en el sur de los Estados Unidos. También es interesante observar que
aunque el TLCAN aparece como un bloque económico dominado por los Estados
Unidos, Canadá controla, en proporción, más empresas en los Estados Unidos que
las que capitales estadounidenses manejan en Canadá. Como se ve, las relaciones
de poder no son unidimensionales. Por ejemplo, "en defensa propia"
contra la tríada de América del Norte, el MERCOSUR debería, a mi criterio,
integrarse más estrechamente con Brasil. Y, en este análisis de posiciones
relativas, no se puede ignorar el peso de la ASEAN (Asociación de Naciones del
Sudeste Asiático) con China como miembro dominante, y tampoco puede soslayarse
el peso de las tres economías isleñas -Japón, el Reino Unido y Australia-, que
no forman parte de ninguna de estas uniones y están debatiendo a cuál
integrarse.
Usted asigna particular relevancia a algunos países
dentro de cada bloque. ¿Podría delinear el perfil de China, por ejemplo?
En China hay dos
economías. Por un lado, la que mueven los 400 millones de habitantes que viven
sobre la costa que podríamos llamar desarrollada, desde el extremo norte hasta
Guangzhou. Por otro, la que dominan innumerables empresas estatales
ineficientes, que deben reconvertirse para volverse rentables. Pero hay un
factor que limita su reconversión: son el principal empleador en vastas
regiones de un país con un alto nivel de desempleo. Se calcula que entre 150 y
200 millones de campesinos no encuentran empleos en las ciudades. No es un
problema nuevo para China. Desde mediados del siglo XVII, con una sola
excepción en el siglo XX, cada migración de campesinos terminó en rebelión.
Queda por verse si podrá resolver los enormes desafíos sociales que enfrenta.
Si no lo hace, es posible que, en cinco o seis
años, vuelva a parecerse a la China dividida en distritos regionales
semiautónomos de la década de los ’20, a la que sólo podía mantener unida el
ejército. A la inversa, las ciudades de la India han absorbido una cantidad de
desempleados similar a la que no logra ubicar China. La diferencia está en que
mientras China tiene una fuerza laboral dedicada a la producción, bien capacitada
y altamente disciplinada, la India posee una enorme fuerza laboral dedicada al
conocimiento. Bajo el dominio británico, en la India se crearon universidades y
escuelas técnicas de primer nivel; ese es el motivo por el cual hoy tiene uno
de los mejores sistemas de educación técnica superior del mundo. El Instituto
de Tecnología de la India es de vanguardia, al igual que la Universidad Técnica
de Ciencias de la Computación de Bangalore, probablemente la mejor en su tipo.
Con tantos ingenieros, médicos y físicos bien educados y formados, que ya no
necesitan emigrar para encontrar un buen empleo, la India se está convirtiendo
en un verdadero centro de conocimiento. Cabe esperar que crezca con mayor
rapidez que China, y es factible que, en los próximos años, se convierta en la
estrella, a medida que la economía de la información se transforme en el motor
del crecimiento global.
Mencionó a Brasil como eje de su bloque, ¿qué lo
distingue?
Brasil ha
desarrollado —y creo que de manera extraordinaria— grupos de líderes ejecutivos
que no sólo le han permitido al país construir empresas nacionales, con un
estilo de gestión y calidad de primer nivel, sino también un mercado nacional
unificado que lo posiciona con fuerza en la economía mundial, aun cuando
todavía quede por definirse exactamente su perfil.
¿Y cuál cree que será el perfil de Rusia?
Rusia es un enigma.
En la actualidad, es un país subdesarrollado. Después de décadas de
planificación, la economía es excesivamente ineficiente y no está integrada.
Puede convertirse en motor económico de la región, pero también en eje de
conflictos. El rumbo que tome Rusia en los próximos años es un factor tan
importante como imprevisible.
¿Advierte señales de peligro en los Estados Unidos?
Sin duda. El
déficit del gobierno es elevado y sigue creciendo. El índice de ahorro,
extremadamente bajo, no cubre las necesidades de inversión de la industria
norteamericana, lo que implica una deuda externa creciente en la propia moneda.
Hablando de deuda y riesgo, vale la pena tener en cuenta que la mayoría de los
tenedores de títulos del gobierno estadounidense son japoneses. Y si hubiera
algún indicio negativo, podrían decidir vender sus tenencias en bloque,
amplificando el impacto del factor desencadenante. Esta situación es, de por sí,
inestable. Como justificación, desde Washington se suele decir que el déficit
del gobierno norteamericano -provocado, básicamente, por los gastos de defensa-
es el déficit del mundo libre. Porque si el resto de los países desarrollados
puede mantener sus presupuestos de defensa como porcentaje del ingreso nacional
en menos de la mitad que el de los Estados Unidos, es gracias a la intervención
estadounidense en Irak,Afganistán o Corea, que les garantiza protección. Un
argumento de corte político, reforzado por la "doctrina Bush", que
compromete a los Estados Unidos -de manera ilimitada y amplia- como
"policía del mundo". Esta es una auténtica debilidad. Otro peligro,
aunque menos dramático, es la tendencia en las empresas estadounidenses a tomar
deuda de corto plazo para financiar inversiones de largo plazo.
Para confirmarla,
basta observar su conducta en los últimos 15 años. Esta tendencia es una fuente
potencial de problemas en un ciclo desfavorable. Una recesión, aunque fuera
mínima, podría generar una crisis de liquidez y extenderla al conjunto de los
países desarrollados.
Y el problema del desempleo, ¿cómo cree que evolucionará?
Para los Estados
Unidos, ahora ronda el 5 por ciento. La teoría económica indica que si cae por
debajo de ese nivel se generan presiones inflacionarias, algo que la realidad
ha validado. No obstante, el análisis de la cuestión no se debe agotar en los
números. Veamos un caso. Un proveedor estadounidense de repuestos y accesorios
para la industria aeroespacial ingresó a mi programa de management para
ejecutivos hace 30 años. Tenía alrededor de 6.000 empleados: 5.500 en la planta
y 500 en las oficinas. Su negocio se ha triplicado desde entonces. Tiene la
misma cantidad de empleados, aunque ahora en el taller de la planta sólo trabajan
485 personas. Antes, el personal se ocupaba de cambiar el programa de las
máquinas; ahora, el proceso está computarizado. Antes, cada plataforma manejaba
una única línea de productos; hoy, entre seis y nueve, también desde una
computadora.
¿Porque cambió la tecnología?
Sí, pero la
modificación en el empleo y en la organización de la producción fue resultado
del cambio en la fuerza laboral, no sólo del cambio de tecnología. Cada vez más
personas estudian dos años y son especialistas en computación. Cada vez hay más
gente con educación superior y habilidades especiales, y la remuneración que
pretenden es cada vez más alta. También el porcentaje de mujeres en todos los
niveles de la organización ha crecido enormemente; y sin provocar trastornos.
Precisamente porque en los Estados Unidos la política laboral es muy flexible.
En Europa, en cambio, existe una enorme rigidez, tanto en la relación
formación-oportunidad como en el desarrollo de carrera. El sistema de
aprendizaje alemán, en otros tiempos considerado una maravilla, terminó por
anquilosarse. Una persona que estudió, trabajó, se especializó y adquirió
experiencia práctica en banca de inversión, por ejemplo, difícilmente consiga
un puesto acorde con su capacidad y trayectoria en un banco comercial. Ese
sistema de enseñanza, que sirvió de base al surgimiento de la industria alemana
del siglo XIX, hoy es un cuello de botella.
En cambio, la
flexibilidad del sistema estadounidense es un activo importante. Permitió
desarrollar ofertas de aprendizaje múltiples e independientes. Algo crucial en
el mediano y largo plazo, dado que el eje de la fuerza laboral se traslada del
trabajo calificado al trabajo del conocimiento. Un trabajo que exige
flexibilidad y capacidad para seguir aprendiendo. El aprendizaje continuo está
implícito en el trabajo del conocimiento. En cambio, luego de tres años de
capacitación, un operario calificado ha aprendido todo lo que necesita saber
porque las habilidades cambian lentamente. Si Sócrates resucitara y quisiera
retomar su oficio de modesto escultor "picapedrero", no tendría que
aprender nada nuevo. Esa habilidad no ha cambiado demasiado desde entonces.
Hablando de cambio, durante los últimos 50 años han
aparecido y desaparecido, modas mediante, numerosas prácticas de gestión. ¿Cuáles
son los principios que perduran?
En primer lugar,
las tres dimensiones del management: el mercado de los productos y servicios,
el mercado de los puestos de trabajo y el mercado del dinero, o mercado de
capitales.
Para lograr el
éxito, el desempeño debe ser excelente en todas y cada una de esas dimensiones.
Además del carácter concomitante de esos tres mercados, hay que considerar el
"legado" de cada gestión. Si quienes toman la posta en la dirección
de una empresa fracasan, es porque fracasaron sus antecesores. Por ejemplo, el
ejecutivo estadounidense más admirado hace 30 años era Harold S. Geenen, el
hombre que convirtió a IT&T, por entonces una empresa de telecomunicaciones
con operaciones en América latina, en un conglomerado global —compró 350 empresas
en 80 países—, con negocios tan diversos como Avis Rent-a-Car, los hoteles
Sheraton, Aetna Finance, Hartford Insurance y la constructora Levitt &
Sons. Creo que Geenen fracasó porque después de su retiro empezó la debacle de
ese emporio diversificado que había creado. Sus sucesores no tuvieron otra
salida que desmantelarlo. Nada sorprendente, a mi criterio, ya que no había
desarrollado un verdadero estilo de gestión. Por el contrario, se limitó a
tomar decisiones desde una perspectiva exclusivamente financiera.
Otras constantes de la buena administración se resumen en
preguntas. La primera es ¿qué necesitamos hacer?, como contrapartida de ¿qué
queremos hacer? Vale como ejemplo la historia del
presidente de los Estados Unidos Harry Truman. No tenía la más mínima
experiencia en administración y se convirtió en uno de los presidentes más
eficaces de la historia norteamericana. Como era un demócrata activo y leal,
tras la ruina de su empresa en el marco de la recesión posterior a la Primera
Guerra Mundial, el partido lo propuso como candidato a integrar la Corte de
Justicia municipal. Terminó incorporado al alto tribunal de Jackson. Cuando,
años más tarde, se produjo una vacante en el Senado, poco seductora para los
políticos de carrera, el partido se la ofreció. En lugar de ocupar el puesto
como algo temporario, Truman decidió tomarlo como el puntapié inicial de su
carrera política. Todavía "un peso liviano", en 1944 fue elegido por
el presidente Roosevelt para que lo acompañara en la fórmula como candidato a
vicepresidente. Pero, 82 días después de jurar, en abril de 1945, la inesperada
muerte de Roosevelt lo convirtió en presidente de los Estados Unidos y, tres
meses después, asistió a la Conferencia de Postdam, junto a Stalin y Churchill,
en los que fueron, según su propia confesión, los días más desalentadores de su
vida. Sus interlocutores lo superaban y no podía entender una palabra de lo que
planteaban. Su único interés hasta entonces había sido la política doméstica.
De vuelta en los Estados Unidos, guardó en un cajón sus aspiraciones personales
y se preguntó "¿qué debo hacer?". La respuesta era obvia: asignarle
prioridad a la política exterior. A partir de ese momento, durante dos horas,
cada mañana, recibía al secretario de Estado, primero, y al secretario de
Defensa después, para que le sirvieran de tutores mientras aprendía todo lo que
debía saber de relaciones exteriores y política internacional. Su gestión fue
exitosa porque se preguntó qué "debía" hacer, aunque siempre lamentó
no haber podido revivir el New Deal, que era, en realidad, lo que
"quería" hacer.
Una vez definido lo que se debe hacer, llega el momento
de determinar qué tareas prioritarias son compatibles con nuestras fortalezas y
tenemos que encarar, y cuáles debemos delegar o abandonar. Concentrarse en esta pregunta hizo que Jack Welch fuera tan efectivo
por tanto tiempo como presidente ejecutivo de General Electric. Cada cinco años
se la reformulaba. Durante cada período subsiguiente, buscaba las respuestas
junto a sus dos hombres de confianza: el responsable de relaciones humanas y el
director de finanzas.
Su prioridad fue
enfocarse en las fortalezas de GE, que se había expandido en las direcciones
más variadas, y decidir qu negocios debía preservar y de cuáles debía deshacerse.
En el segundo período quinquenal se concentró en recuperar el posicionamiento
internacional de GE, desdibujado por su predecesor en la década de los ’50. En
consecuencia, durante el lustro siguiente se dedicó a convertir a GE en la
empresa más importante del mundo en su industria. Esa perseverancia es clave.
Casi en paralelo se impone reflexionar sobre la definición del negocio; o sea,
responder a la pregunta ¿cuál debería ser nuestro negocio? No es fácil de
responder. Tomemos el caso de una empresa que se convirtió en una importante
compañía de servicios porque sus directivos decidieron concentrarse en
instituciones sin fines de lucro: hospitales, escuelas, dependencias
gubernamentales. Después de un debate intenso y prolongado sobre sus
actividades centrales, los factores de los que dependía su desempeño y los que
explicaban que sus resultados se hubieran multiplicado por nueve en 20 años,
vieron que su principal negocio era el desarrollo y la capacitación, pero de
aquellas personas que dirigen los hospitales o las escuelas, y no del personal
médico o académico, aun cuando representara el 60 por ciento del total. Es una
empresa que actualmente tiene operaciones en los Estados Unidos, el Reino
Unido, Canadá y Japón. Tan importante como decidir qué hacer es decidir qué
dejar de hacer. Nadie puede hacer algo nuevo sin abandonar el ayer. Si uno
observa con atención la conducta empresaria, advierte que un considerable
número de organizaciones sigue exigiéndole a su mejor gente que mantenga vivo
el pasado. Los líderes eficaces lo dejan morir. No es fácil, pero sólo así se
puede crecer. Y el crecimiento impone otro desafío: llegar al punto de
equilibrio entre los recursos existentes y la sangre nueva. Si los puestos más
altos que genera el crecimiento se cubren con incorporaciones, será muy difícil
retener a la gente con gran potencial que ya está en la empresa. También es
cierto que, sin renovación, la organización se convertirá muy rápido en
pueblerina.
Es verdad que
muchas empresas se apegan a un pasado exitoso, pero también es cierto que otras
procuran adaptarse al cambio, y algunas tratan de anticiparlo.
En realidad, tratar
de anticipar el cambio es un juego perdido. Las posibilidades de salir airoso
son bajas. La verdadera opción es convertirse en agente del cambio; es decir,
crearlo. El sistema de salud de los Estados Unidos se modificó rotundamente a
fines de los ’50, cuando un visionario fundó el primer hospital con fines de
lucro. Hasta entonces, los hospitales habían estado en manos de organizaciones comunitarias
locales o de beneficencia, que recaudaban fondos para financiarlos. Eso es
iniciar el cambio.
¿Cuál es el secreto para lograrlo?
Hay que eliminar la idea de que cambio es igual a
amenaza, e incorporar a la cultura gerencial la siguiente pregunta: ¿qué
oportunidades veo en los cambios? Le daré un
ejemplo: en los años ’20, los directivos de una papelera austríaca se
preguntaron qué oportunidades podía ofrecer el desecho de su negocio central, y
descubrieron que era una de las fuentes más ricas de productos químicos. De
hecho, observaron que sólo el 12 por ciento de la pulpa se convertía en papel;
el 80 por ciento restante era desecho que, como efluente industrial
contaminante, se volcaba a los ríos. Al declararse la Segunda Guerra Mundial
se trasladaron a los Estados Unidos y compraron una pequeña empresa productora
de papel en la costa este, en la que implementaron la idea nacida en Austria.
De más está decir que se convirtió en la compañía líder en su industria. Hoy,
en cualquier papelera más o menos organizada, los químicos derivados de los
desechos producen el doble de ganancias que el papel. Bastó con plantearse la
pregunta correcta, pensar con seriedad la respuesta, y estar dispuesto a asumir
el riesgo de tomar la delantera.
viernes, 17 de mayo de 2013
Los 7 Hábitos
de la Gente Altamente Efectiva
Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen
Covey es un excelente texto sobre
auto dominio y liderazgo . Me gustaría presentar aquí un brevísimo resumen para
quienes no lo conocen.
No importa a cuántas personas supervises, hay una sola
persona a la cual puedes cambiar: a ti misma/o.
La mejor
inversión que puedes hacer, entonces, es mejorarte a tí misma/o desarrollando
los hábitos que te harán mejor persona y mejor gerente.
Si quieres cambiar una situación,
tienes que comportarte en forma distinta a como lo haces habitualmente. Pero
para cambiar tu comportamiento, debe antes modificar tus paradigmas, o sea, tu
forma de interpretar el mundo.
“Los 7 hábitos” presentan una nueva forma
para cambiar estos paradigmas, al instaurar nuevos hábitos que te permitirán
escapar de la inercia y encaminarse hacia sus objetivos.
Los tres primeros hábitos tratan del auto-dominio. Es
decir, están orientados a lograr el crecimiento de la personalidad para obtener
la independencia.
Los siguientes tres hábitos tratan de las relaciones con
los demás – trabajo en equipo, cooperación y comunicaciones; están
orientados a lograr la interdependencia.
Finalmente, el hábito siete, se refiere a la renovación
continua que te llevará a entender mejor los hábitos restantes.
Los siete hábitos de la
gente altamente efectiva son:
Ser proactiva/o: Libertad
de poder escoger nuestra respuesta ante los estímulos del medio ambiente. Tomar
responsabilidad de nuestros actos.
Comenzar con un fin en mente: Hace que nuestra vida tenga razón de ser, la visión
permite que nuestras acciones este dirigidas a lo verdaderamente significativo
en nuestra vida.
Primero lo primero: Permite
librarnos de la tiranía de lo urgente para dedicar tiempo a lo verdaderamente
importante que nos permite llevar a cabo la visión del hábito anterior.
Pensar en ganar-ganar: Los
negocios son negocios cuando todas las partes intervinientes ganan. Balancea la
consideración con los demás, sienta las bases para la convivencia con las otras
personas.
Busca comprender primero y después ser comprendida/o: El respeto a los demás es la clave para las
relaciones humanas efectivas y posibilita llegar a acuerdos de tipo ganar –
ganar.
Sigerniza: Es el resultado de cultivar la
habilidad y la actitud de valorar la diversidad de ideas, trabajo en equipo e
innovación.
Afilar la sierra: Es
el hábito de la auto-renovación, el mantenimiento básico necesario para
mantener los hábitos restantes funcionando adecuadamente. Implica renovarnos
física, mental y espiritualmente para ser efectivos en los diferentes roles de
nuestras vidas.
Covey
ejemplifica este hábito con una historia donde un leñador joven que era muy
bueno cortando árboles, reta al leñador más viejo (que tenía fama de ser el
mejor) a ver quien cortaba más árboles en una jornada. El leñador joven comenzó con todas su fuerzas y lo hacía muy
bien. De vez en cuando iba a echarle un vistazo al viejo leñador y lo veía de
espaldas sentado, y pensaba, este está viejo y no me va a ganar. Cuando terminó
la jornada el viejo leñador había derribado muchos más árboles que el joven.
Pero ¿cómo? Si yo te veía descansando, a lo que el otro respondió: No
descansaba, afilaba mi sierra…
Posteriormente,
Covey introduce un octavo hábito:
Encuentra tu propia voy y haz que tu voz inspire
a otras personas a encontrar la suya. Animar hacia la “grandeza” significa
actuar con integridad y ayudar e inspirar a los otros a hacer lo mismo.
Inspirador ¿verdad?
martes, 30 de abril de 2013
5 pasos para mejorar el proceso de un proyecto
Autor: Ramón Alcantar
Los
procesos son los que nos permiten tener una “plantilla” que funciona como guía
para las personas involucradas en el proyecto y, además, son los que mantienen
cada una de las aportaciones consistentes con el proyecto; todo esto para que
una vez realizadas, el equipo directivo —y también el de campo u “operativo”—
comprendan qué fue lo que hicieron y cómo fue que lo lograron.
Esto
es un elemento muy importante para desarrollar reportes de avance y para
generar el acervo de lecciones aprendidas, sin contar con que ayuda para la
moral del grupo pues sus integrantes no solo saben qué se espera de cada
equipo, sino comprenden cómo es que todos los entregables y tareas interactúan entre
sí para lograr un fin y la forma en que los demás equipos realizan su parte del
trabajo.
Cabe
mencionar que los procesos empleados por un equipo, no sólo se limitan a las
áreas de conocimiento empleadas en la dirección de proyectos; pueden incluir
cualquier cosa que vaya desde cuestiones de accesibilidad, pasando por la
creación de documentos que traten acerca de casos de negocio o códigos de
sistema, la actualización de la agenda del proyecto, hasta la funcionalidad del
sistema de pruebas y muchas otras tareas que deben desarrollarse durante la
realización de un proyecto, aun cuando no estén ligadas directamente a los
entregables específicos de éste. Por supuesto, también existirán organizaciones
donde esté establecido un proceso formal para crear procesos nuevos… pero eso
podría resulta un tanto burocrático o exagerado —y quizá hasta patológico—; sin
embargo, cada organización es un mundo que opera bajo sus propias reglas.
Sin
importar cuántos y cuáles sean los procesos que se utilicen en un proyecto, lo
que sí es de máxima relevancia es evaluarlos de manera constante. Si no se
están cumpliendo las metas marcadas aunque sea por muy poco—, los procesos
necesitan revisarse y esta responsabilidad recae en el equipo de dirección del
proyecto. Tenemos que asegurarnos de que el proceso se perfeccione para que de
este modo beneficie tanto al proyecto actual como a los proyectos futuros. De
inicio, siempre hemos de ser minuciosos y objetivos con los procesos que
estamos utilizando. Si se requiere realizar un cambio en proyecto y sobre todo
en uno que ya está en fase de ejecución, tenemos que tomar las medidas
necesarias y entender que hay que llevarlo (o llevarlos, si se trata de varios
cambios) a cabo con mucha cautela porque estamos en terreno desconocido —no
importa que tan bien aprendido tengamos el proceso ni cuánta veces lo hayamos
realizado… los cambios lo pueden convertir en algo completamente nuevo.
Pero,
para minimizar tanto los posibles riesgos como el trabajo que habría que
realizarse, les sugerimos que consideren estos cinco pasos que les ayudarán a
estar seguros de que están evaluando sus procesos con mucho cuidado y
corrigiendo lo necesario de manera eficiente, sin dejar de lado la cautela en
momento alguno. De esta manera, el equipo del proyecto puede adoptarlos y
avanzar gracias a que, ahora, cuentan con un proceso mejorado.
Paso 1: Evaluar
¿Qué
es lo que está mal con el proceso? Visto con minuciosidad y prestando atención
a los detalles que a primera vista nos resulten fuera de lugar, lo primero que
debemos hacer es registrar dónde notamos cosas que no funcionan o entorpecen el
proceso. Ahora bien, no hay que ser exhaustivos ni redescubrir el hilo negro y
mucho menos desechar todo documento que haga referencia a él... porque éste no
es el momento indicado para hacerlo. Si el proyecto está ejecutándose, lo más
probable es que no haya tiempo o recursos —y lo más seguro es que no haya
ninguno de los dos— suficientes para rediseñar completamente el proceso. Así
que para no fatigarnos de más, la evaluación debe centrarse en el o los
elementos que están dando problemas, aquellos que están “averiados” dentro del
proceso como se lleva a cabo hasta el momento. Por supuesto, bien puede ser que
se requiera de investigación mucho más seria y de discusiones entre los
integrantes del equipo para dejar expuesta esta parte específica del proceso;
pero una vez que hayamos identificado el elemento que no funciona, entonces el
líder de proyecto puede determinar por qué no lo está haciendo. Pensamos que
llevar a cabo una revisión del histórico del proceso, será de interés y
utilidad durante el desarrollo de nuestra evaluación; saber porqué fue
instituido de la manera en que se hizo, puede ayudarnos a comprender por qué
parece que no está funcionando al 100%. Si bien es cierto que la parte que no
está funcionando, quizá sea una pequeña porción de todo el proceso, es lógico
suponer que habrá más pasos —tanto previos como posteriores— que se verían
afectados por los cambios que a realizarse y, por esta razón, también tenemos
que tomarlos en cuenta durante la evaluación.
Paso 2: Recibir retroalimentación y registrarla
Bien,
ahora que ya evaluamos el proceso y tenemos identificados los pasos del mismo
que necesitamos que cambiar, como líderes de proyecto debemos solicitar retroalimentación
y sugerencias por parte del equipo de proyecto y algunos expertos en la materia
acerca de qué podría hacerse para resolver el problema. Si se está cambiando un
proceso, las personas que lo utilizan deberían dar su opinión acerca de lo que
podría funcionar mejor, puesto que son la mejor fuente de información para
confirmar aquello que podría funcionar y lo que no serviría en absoluto. Estas
ideas son importantes para la revisión del proceso, aunque en muchas ocasiones
las personas que lo llevan a cabo podrían no ser capaces de ver la totalidad
del panorama —especialmente si algunas partes del proceso se entrecruzan con
otros recursos o equipos dentro del proyecto y, a partir de ese momento, los
integrantes del equipo "generador" le pierden la pista. Por eso, el
líder de proyecto debe recolectar esta retroalimentación y examinarla con mucho
cuidado para que le sea posible crear una revisión validable.
Paso 3: Bocetar
Este
el momento en el cual ponemos a trabajar los lápices y comenzamos a idear los
escenarios de cambio. Tenemos que poner especial atención para considerar todos
y cada uno de los impactos que pudiese generar el cambio previsto. También es
importantísimo llevar un registro completo de todos los cambios que se
hicieron, para que las personas que llevan a cabo el proceso puedan verlos con
facilidad. Quizá sea necesario hacer una “tabla de referencia” o “guía rápida”
pues resulta una herramienta excelente para comunicar dichos cambios y ayudar a
los demás para que los empleen y les sea posible mantenerse dentro del proceso
tal y como lo estipula la Oficina de Gestión de Proyectos (PMO). No obstante,
les tenemos que hacer una advertencia: el bocetar no puede realizarse de manera
aislada y hermética. De la misma manera que se recibieron opiniones e ideas
acerca de aquello que se podría cambiar, es necesario recibir retroalimentación
específica acerca de los documentos generados en este paso y, además, las opiniones
deben ser tanto de los usuarios directos como de aquellos que podrían verse
implicados en el proceso de una u otra manera.
Paso 4: Comunicar
Una
vez que el boceto pasó a ser el borrador final —ya que lo pulimos al máximo—,
entonces el líder de proyecto debe comunicarle a su equipo que existe un
proceso revisado. Esto debe hacerse antes de la implementación efectiva, pero
sugerimos que no se haga con demasiada anticipación. ¿Por qué? Pues nuestro
razonamiento es que si lo hacemos con mucha antelación, corremos el riesgo de
que el equipo olvide la información importante que estamos tratando de
comunicarle. Esta comunicación debe ser directa y sólo debe contener la
información necesaria acerca del cambio en el proceso. No hay que agregar nada
más dado que, en el mejor de los casos, el equipo ya conoce las razones de por
qué y cómo se realizaron los cambios, al igual que todo lo relativo al proceso
general que llevan a cabo y su objetivo; debido a todo esto, en realizada sólo
necesitan entender qué es lo que está cambiando dentro del trabajo o tarea que
llevan. Además, también hay que comunicarse con las partes interesadas y los
ejecutivos, pues es esencial ponerlos al tanto de las mejoras que se están
realizando y cómo es que beneficiarán a la totalidad proyecto.
Paso 5: Implementar
El
último paso es poner en marcha el proceso revisado. Ahora bien, hay que tener
en cuenta que es muy posible que se requiera de una “aprobación oficial” antes
de iniciar con él, así que es preciso que ésta se obtenga tan pronto como sea
posible para que el trabajo en el proyecto no se vea retrasado, obstaculizado o
detenido. Lo ideal es que, para este punto, ya se hayan contemplado todos los
detalles y los recursos estén a punto, y que para llevar a cabo la
implementación del proceso revisado, sólo se requiera de una acción tan
sencilla como mandar un correo electrónico o convocar a una junta [breve] donde
se les informe a todos los recursos pertinentes que ya pueden comenzar a
emplearlo.
Un
vez realizado todo esto, el líder de proyecto podrá tomarse un momento para
relajarse con la seguridad de que el proyecto avanza tan bien como es posible…
hasta que alguien más le haga notar que existe otra parte en alguno de los
procesos que no está funcionando.
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